martes, 9 de agosto de 2011

El Hombre Rata



Walt, "El hombre rata", en otro tiempo fue dibujante y le fue bien. Sus personajes poseían personalidad, y pronto destacaron entre las preferidas atracciones destinadas a los niños. El impacto fue tan grande, que no tardó en hacerse con su propia productora de animación.
Al principio, eran cortometrajes basados en breves piezas musicales, "Silly Simphonies", como él amaba denominarlas. Las animaba con singular talento, hasta que finalmente, su irrefrenable voracidad le llevó a dar el salto a la meca del cine.
Coqueteó con los más destacados dictadores del momento. Y el joven Walt aprendió pronto. Aplastó a sus trabajadores con sangrantes horarios y mezquinos sueldos. Esos mismos trabajadores que un tiempo atrás fueron sus propios amigos.
Fama, gloria y dinero se fueron amontonando. Mientras, padres y niños alucinaban con las disparatadas aventuras de sus personajes. Debido a su vida desordenada y a sus numerosos vicios, se vio abocado a codearse con lo peorcito de la alta sociedad, pero acosado por las cuantiosas deudas, no logró evitar dar con sus huesos en la quiebra.



Un ridículo rumor circula en torno a su persona. Este rumor argumenta que "el hombre rata" sufrió una parada cadiorespiratoria el 15 de diciembre de 1966.  Pero que minutos antes de morir, un científico chiflado lo raptó y transportó el cuerpo todavía convaleciente, a una apartada casa que adquirió mediante subasta, situada en el lujoso barrio residencial del Wending Est. Desde entonces, lo mantiene con vida, allí dentro, congelado en el interior de una nevera particular. 

Como podrán suponer no es más que una leyenda urbana.
Lo único cierto es que continua vivo. Y que el amor desmedido que sentía por uno de sus personajes, secó su escasa cordura.
Adoptó dudosos hábitos, más propios del mundo de los roedores que del mundo de las personas.
Todavía hoy, aseguran que pulula por los bajos fondos de la ciudad de Michigan, ignorando el significado de la moral. 
A veces, llega a ser tan infame su conducta, que atraca a desprevenidas señoritas con la ayuda de un punzón mugriento. Y cuentan algunos, los más honestos, que lo han sorprendido hurgando en los contenedores y en los bolsos de pobres e indefensas ancianas.

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